Francesca Schiavone (Milano; 1980) ha representado una bendición para el tenis femenino durante el último año. La italiana se presenta al Roland Garros para defender la corona conquistada el año pasado, cuando le faltaba un mes para cumplir 30 años. A ese triunfo tardío -fue su primer y hasta ahora único Grand Slam- se sumó la victoria en el encuentro más largo entre mujeres de la historia -4h 44m ante Kuznetsova-, que Schiavone logró, dolida en una pierna y tras superar seis bolas de partido, en los octavos de final del primer grande de este curso, el Abierto de Australia. Dos momentos épicos que se echan en falta en un mundo caracterizado por la falta de liderazgo y la ausencia de rivalidades bien perfiladas como las del circuito masculino.





